

La falta de amor propio pareciera ser un mal generalizado, la vemos en todos lados, de distintas formas, en diferentes escenarios, permitimos maltratos, nos reprimimos, nos invalidamos, tomamos las decisiones menos acertadas, nos obligamos a hacer cosas por “quedar bien”, por temor al rechazo o al abandono, o simplemente al famosísimo “qué dirán”.
En la forma en que nos expresamos sobre nosotros, todos esos “estoy bien pendejx”, o “yo soy cero creativx”, se manifiesta la relación que hemos construido. Asimismo, cuando mantenemos una relación con quien sabemos que no nos conviene, o nos daña, pero por alguna razón no podemos irnos.
Ejemplos hay muchos, y podríamos pensar que, con el paso del tiempo, esto es cada vez más raro, como que se ve menos, pero la verdad es que yo no podría asegurarlo. La “baja autoestima” (concepto tan utilizado, que ha perdido el sentido) es atemporal. Y, si bien, con la llegada de internet y la apertura de la información, las personas han podido expresarse con mayor libertad, el temor a ser quien se es, prevalece.
Pero, ¿por qué caemos en estas conductas?
Empecemos por decir que las conductas tóxicas que tenemos, son la punta del iceberg, es “lo que se ve” de nosotros, la evidencia de lo que nos sucede dentro. Para que quede súper claro, lo que hacemos es resultado de lo que traemos dentro.
Con “lo que traemos dentro”, me refiero (porque sí sería importantísimo aclararlo) al conjunto de sensaciones, emociones, pensamientos, ideas y creencias, sobre nosotros, sobre el mundo y sobre cómo “debemos” manejarnos en él.
Esto es, si una persona piensa que es la más fea y la más pendeja, y que la gente quiere hacerle daño, seguramente esto se notará en muchas de sus conductas; así como si piensa que es la más bella e inteligente y todos deben admirarlo (y no es que este último sea un ejemplo de lo saludable, no se vayan con la finta).
Lo que nos llamaría la atención en este punto, debería ser por qué una persona piensa que es la más fea y pendeja, o por qué pensaría lo contrario. Esto, mis queridos, es resultado del contexto en el que crecimos, sí, el cliché más grande del mundo se sigue y seguirá confirmando, la culpa de todo lo que nos pasa, la tienen nuestros padres.
Y no lo digo desde esta perspectiva dramática, ni me estoy haciendo la vístima (sí, la vístima, con “s”), lo digo apelando a mis más de 10 años como terapeuta. La relación que cada persona tuvo con su padre y su madre, lo que cada persona percibió de esa relación, lo que interpretó y lo que formuló como creencias a raíz de eso, va a influir en una gran medida a la relación que tenga consigo misma. Y luego, a partir de los 5 o 6 años, solo nos vamos a dedicar a confirmar y reconfirmar eso que traemos dentro.
En estos primeros años, lo que se conformó, eso que llamo “lo que traemos dentro”, son el autoimagen, y el autoconcepto, la combinación de estos, nos llevará a tener ciertas conductas, esto es el autoestima.
Sin embargo, como los adultos y adultas responsables que sé que somos todos lo que estamos leyendo este artículo, sabemos que, luego de culpar a nuestros padres, es nuestro trabajo identificar nuestras conductas tóxicas (autoestima), cómo es que podemos ver que no nos estamos queriendo, y por qué; cómo andamos de nuestro autoimagen y autoconcepto, para entonces construir una relación más amorosa, saludable y compasiva con nosotros.
En el próximo artículo, les cuento más a detalle qué son autoimagen y autoconcepto.
Hasta la próxima.