La falta de amor propio pareciera ser un mal generalizado, la vemos en todos lados, de distintas formas, en diferentes escenarios, permitimos maltratos, nos reprimimos, nos invalidamos, tomamos las decisiones menos acertadas, nos obligamos a hacer cosas por “quedar bien”, por temor al rechazo o al abandono, o simplemente al famosísimo “qué dirán”.