

Amiqueers, ¿nunca se han preguntado qué cosas locochonas hizo su abuelita en su juventud? Pues la historia de “La espía roja”, dirigida por Trevor Nunn, es más o menos algo similar. Resulta que todo marchaba tranquilo, hasta que Joan Stanley (Judi Dench) es interrumpida en la tranquilidad de su hogar para ser arrestada, y es acusada por traficar información durante la segunda guerra mundial.
Al puritito estilo de “Titanic”, la madura Joan recuerda sus épocas de juventud, cómo conoció a su amiga Sonya (Tereza Srbova) y cómo ella le presentó a Leo Galich (Tom Hughes), recordemos que en esa época no había Tinder, amiqueers. Joan también recuerda cómo Leo y Sonya la invitan a eventos “comunistas” y le muestran ideas diferentes a las que ella ha tenido toda su vida. NO, no nos referimos a que la incitan a pasarse al lado colorido.
A lo largo de la historia, Joan se enfrenta a diferentes problemas propios de su época (y muchos que persisten hasta la nuestra), como el hecho de que es una mujer estudiando ciencias y eso no le hace sentido a mucha gente, o como le hecho de que en su trabajo donde hace cosas súper importantes y súper secretas piensen que se encarga únicamente del café y el té, y entre otras cosas más aburridas, se enfrenta finalmente al dilema de pasar información súper secreta para terminar la guerra o no pasarla y procurar que se desate un gran genocidio. Esta película es histórica y muy interesante, sin embargo, se nos hizo un poco lenta, pero claro que recomendamos que vayan a verla. Le damos cuatro camaritas…
Hasta la próxima. Besos revolucionarios y rojos.
